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María Gabriela Chávez recordó la ilusión bolivariana que ardió en el corazón de su padre

 María Gabriela Chávez, hija del comandante Hugo Chávez, recordó este sábado los momentos más emotivos que vivió con su padre en la cárcel de Yare, donde fue preso tras la rebelión cívico-militar del 4 de febrero de 1992.

"¿Cómo fueron nuestros días en Yare? A veces difíciles, a veces tristes, pero la mayoría de las veces fueron días de crear, de construir, y de cultivar el alma", expresó María Gabriela de Chávez desde el Cuartel de la Montaña, ubicado en la parroquia 23 de Enero, Caracas.

Durante su participación en la ceremonia ecuménica, en homenaje a la vida y el legado del líder socialista, María Gabriela manifestó que, a pesar de que se encontraba en prisión por sus ideales revolucionarios, siempre se sentía libre, libre de consciencia, tal y como se lo expresaba cada vez que podían convivir, como familia, su padre.

"Algunas veces llegábamos a visitarlo y no nos permitían entrar, pero el siempre encontraba las formas de hacernos llegar sus fuerza y su amor", recordo.

Muestra de este amor, detalló la hija de Chávez, es la carta que les hizo llegar un 14 de febrero, días después de su entrega en 1992, en la que manifestaba las razones de su lucha.

"María, yo estoy bien de salud y tranquilo de consciencia, hice lo que tenía que hacer con la esperanzas de que las cosas cambien. Con la ilusión bolivariana de que haya para ustedes, un mundo mejor en el futuro, un mundo donde no haya tanta injusticia y tanta corrupción, donde los niños tengan comida, vivienda, medicina, juguetes, escuelas, todos los niños de Venezuela", refiere la masiva, leída por María Gabriela.

De igual forma, en la carta entregada a su hija, con fecha de 14 de noviembre de 1993, Chávez ratificó desde aquellos años su inquebrantable compromiso con el pueblo.

A continuación en texto íntegro de la carta escrita en 1993:

María Gabriela, querida hija, los perros han vuelto María, a morder estos espacios y a desgarrar este pequeño horizonte. Pero mi dignidad, querida mía, nunca podrán morderla mil perros ni desgarrarla mil tiranos vestidos de blanco.

Como el 4 de febrero, cada vez que oigo disparos y la violencia toca mi puerta, siento tus ojos indígenas que me miran con fuerza y me gritan: ‘Papá no te dejes’. Así será, María mía, hasta el último día de esta vida que ya no me pertenece.

Ahora me prohíben verte, otra vez, pero tú sabes que a pesar de tanto amor que te tengo, con eso no me van a doblegar. Y yo sé que contigo tampoco podrán, pues llevas por dentro la fuerza rebelde de cien siglos y la dignidad heroica de mi pueblo.

María, no desmayes nunca. Sigue preparándote sin descanso para ser lo que yo sé tú vas a ser: una gran mujer venezolana del siglo XXI.

Te amo inmensamente, con la fuerza de no sé cuantos ríos crecidos, mi linda cuiva-cuivita.

Cárcel de Yare
14 de noviembre de 1993

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