Aristóbulo Istúriz: El negro rojo que alguna vez fue blanco

Aristóbulo Istúriz: El negro rojo que alguna vez fue blanco

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El debate político a veces se vuelve cromático. Por ejemplo, para descalificarlo, ciertos adversarios de Aristóbulo Istúriz lo llaman negro (en realidad, le dicen piazo ’e mono y cosas por el estilo), mientras otros le recuerdan que fue blanco, es decir, adeco. Por supuesto que muchos también lo odian por ser rojo.
El actual gobernador de Anzoátegui, a sus 68 años, no le para a nada de eso, pues está más que claro acerca de lo que es y de lo que ha sido.
Natural de Curiepe, Istúriz inició su andar político como maestro de escuela y militante de Acción Democrática, partido que dejó para seguir a uno de los más importantes hombres de la educación y de la izquierda: Luis Beltrán Prieto Figueroa.
En los años 80 se incorporó al partido que más expectativas generó en la izquierda de esa década oscura: La Causa R. Junto con Andrés Velásquez y Pablo Medina formó un trío temible que rompió la monotonía de los debates parlamentarios.
Istúriz demostró de nuevo su capacidad de rectificar el 4 de febrero de 1992, cuando el statu quo político se dispuso a condenar la rebelión militar y a presentarla ante el mundo como un magnicidio frustrado.
Istúriz, a nombre de La Causa R, respaldó el proyecto estando de acuerdo. Se produjo entonces la legendaria intervención del ex presidente Rafael Caldera, en la que clamó por una autocrítica del sistema puntofijista.
Istúriz solicitó de nuevo la palabra y apoyó frontalmente a los rebeldes. Ese mismo año, obtuvo una retribución por tal actitud: el pueblo de Caracas lo eligió alcalde y él respondió haciendo el que, puede considerarse, el primer gobierno chavista de la historia por su enfoque centrado en el poder popular. Sin embargo, fue derrotado por Antonio Ledezma al intentar la reelección.
Las contradicciones internas en La Causa R generaron su división a mediados de los 90 e Istúriz quedó del lado del grupo que debió buscar un nuevo nombre: Patria Para Todos, partido que se sumó al Polo Patriótico en 1998 para llevar a Hugo Chávez a la presidencia.
En la Quinta República, Istúriz fue miembro de la Asamblea Nacional Constituyente y, luego, candidato de la Revolución a la presidencia de la Confederación de Trabajadores de Venezuela.
En medio de este intento tuvo un impase con el Comandante y largó aquella célebre frase: “Chávez se fumó una lumpia”. La tentativa fracasó, Carlos Ortega fue electo presidente de la CTV y desde ese cargo ayudó a perpetrar el golpe de Estado de 2002.
Pese al incidente de la lumpia fumada fue designado ministro de Educación, función en la que estuvo seis años. Los adversarios, además de negro y exadeco, empezaron a llamarlo corrupto.
Aseguraron que se había hecho dueño de mansiones y yates, aunque Istúriz seguía viviendo en su modesto apartamento de siempre. Luego fue postulado como candidato a la Alcaldía Metropolitana de Caracas en 2008 y nuevamente fue derrotado por Ledezma.
En 2012 Istúriz superó la fama de perdedor recurrente al ganar la gobernación de Anzoátegui. Ahora, cansados de decirle negro (o piazo ’e mono) y exadeco, sin obtener resultados, han regresado al estribillo del yate y las mansiones. Y, además, aseguran que está muy enfermo, casi moribundo.
Sus colaboradores más cercanos ironizan diciendo que quienes están a punto de estirar la pata son ellos, tratando de llevarle el paso. “Nos hace trabajar como verdaderos negros”, susurra uno entre risas.

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