4F: La rebelión de la justicia social

4F: La rebelión de la justicia social

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Tres años después de los acontecimientos que estallan el 27 de febrero de 1989, la democracia en Venezuela termina de perder el "brillo y prestigio" percibidos por ojos y oídos de la opinión mundial.
Con el amanecer del 4 de febrero de 1992, hace 22 años, un grupo de militares rebeldes y unos pocos civiles, en las ciudades más importantes del país, irrumpieron contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez y despertaron a las autoridades de su sueño de gobernar de espaldas al pueblo.
La democracia representativa, la bipartidista; la democracia surgida de las ruinas del gobierno dictatorial de Marcos Pérez Jiménez (1958), mantuvo por más de cuarenta años, una imagen, ante el mundo, de avanzada y de evolución. Se hablaba de la perfectibilidad de la democracia.
El objetivo de aquella insurgencia reivindicó la actuación de las Fuerzas Armadas Venezolanas, cuestionadas ante los hechos de fines de febrero (el Caracazo) de 1989.
El bipartidismo (AD-COPEI) hegemónico y controlador del Estado, en los 40 años de democracia representativa, se sustentó en un pacto de gobernabilidad entre los principales líderes políticos de la derecha, sus objetivos estaban claramente definidos, cuando excluyen de ese acuerdo al Partido Comunista de Venezuela.
La asonada del 4 de febrero de 1992 contó con la participación de los tenientes coroneles del Ejército: Hugo Chávez Frías, Francisco Arias Cárdenas, Yoel Acosta Chirinos y Jesús Urdaneta. A ellos se le suman cuadros del Ejército: mayores, capitanes, tenientes, subtenientes, tropas profesionales y alistadas.
Los hechos del 4 de febrero de 1992, a decir de sus protagonistas, se inspiraba en la doctrina de Simón Bolívar.
Los insurgentes no lograron los objetivos inmediatos que se proponían: hacerse del gobierno y refundar la República a través de una asamblea constituyente, pero si alcanzaron, en corto y en largo plazo, una transformación de la vida política venezolana.