Vituperio de la locura

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Vituperio de la locura

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Intelectual venezolano Roberto Hernández Montoya (Foto: Archivo)
YVKE Mundial/Roberto Hernández Montoya

Erasmo de Rotterdam fundó el elogio de la locura, de la estupidez en realidad, en un librito inmortal llamado Stultitia laus, ‘encomio de la estulticia’ o la ‘necedad’.

Me hice adicto a ese textico genial desde que lo leí en mi mocedad. Normal porque es una obra maestra. Pero últimamente estoy pasando por una crisis de fe. Es que demasiado es demasiado. Ya la estulticia no es lo que fue. Se ha vuelto abusiva, arrogante, despótica, grosera, descortés. Siento nostalgia por aquella bobería clásica, ingenua, benigna, altruista, retozona. Erasmo alaba su semblante jovial, candoroso, que causa regocijo a quien la mira. Ahora amén de agria la bolsería es malvada, proterva, sádica y su semblante espantable, grotesco, repulsivo.

Causa confusión porque no es fácil concebir que gente tan bruta pueda hacer tanto daño. Hoy, por ejemplo, el Bobo Mayor tiene en sus manos una guerra nuclear, ese vasto borrón sin cuenta nueva, del que solo sobrevivirían las cucarachas, que, de paso, así probarían ser la especie superior, la más resiliente, perseverante y noble.

Desconfío de las ideas tontas porque sobre ellas se han perpetrado genocidios y catástrofes. La Segunda Guerra Mundial se sostuvo sobre la patochada de que la “raza” aria era “la raza de señores”. ¿Conoces imbecilidad peor que el racismo? Yo no. Avísame si ves una.

El imperio elige y promueve imbéciles. Desconfía de la inteligencia. Porque una persona lúcida se les puede ir de las manos. Eso explica ese elenco mentecato que es la mayoría de la diligencia de oposición en Venezuela. Hay allí gente inteligente, hasta culta, sí, pero no es la que el imperio pasea por el mundo.

Promueve a la facción más idiota y violenta. La que se parece a él. Trump, Pompeo, Bolton —aunque este es tan bestia que lo botaron. No por malvado sino por inepto.

Como dice el dicho, no es tanto lo que joden como lo seguido. Pero sí es tanto, pues nos niegan lo esencial, los alimentos, las medicinas.

El mayor triunfo de la maldad no es hacernos daño sino volvernos mala gente.

Hasta ahora le hemos hecho a la humanidad el invalorable servicio de no sucumbir. Te invito a seguirlo haciendo. Il faut surtout durer, ‘sobre todo hay que durar’.

 
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