«Aberrante», «brutal», «un despropósito». Así ha calificado el secretario general de la Asociación Funeraria de España (AFUES), Lucio Gabriel, el incremento del IVA que sufrirá un servicio tan «básico» como el de las funerarias, que pasará del 8 al 21% a partir de septiembre.
Según el anuncio realizado el viernes por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, en un paquete de medidas con el que el Gobierno pretende recaudar 65.000 millones de euros en los próximos dos años y medio, se ha decidido dejar dentro del IVA reducido, que actualmente paga un 8%, únicamente a los transportes, la hostelería y las bebidas no alcohólicas. El resto de servicios incluidos ahora en este grupo pasarán a pagar el IVA general, que se incrementará del 18 al 21%.
Entre estos se encuentran servicios aparentemente más accesorios como las peluquerías, la entrada en las discotecas, el teatro, el circo y otros espectáculos, y otro por el que invariablemente deberemos pasar todos: el de los entierros. «Es una aberración que los impuestos en los servicios funerarios suban de golpe un 13%, porque se trata de un servicio básico que va a repercutir directamente en el consumidor, como la sanidad», asegura Gabriel, que es propietario además de tres funerarias.
Según el secretario general de AFUES, esta subida del IVA puede incrementar el coste de los entierros e incineraciones en unos 500 o 600 euros de golpe, «lo que repercutirá directamente en los usuarios».
Entre 200 y 800 euros más caro
Si tenemos en cuenta el coste medio de un servicio funerario, que en España ronda los 1.500 euros según las asociaciones de empresas del sector consultadas, estamos hablando de una subida de casi 200 euros. Es decir, de los 120 euros de IVA que se paga ahora, a los 315 que se pagarán a partir de septiembre. Y si hablamos de los entierros más caros, que pueden llegar fácilmente a los 6.000 euros, el IVA a abonar pasará de los 480 a los 1.260 euros, 780 euros de más, a los que habría que sumar los incrementos en el IVA de los otros servicios que lleva asociados, como el de floristería o el de la adquisición de los ataúdes, «que también sufrirá el cliente».
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