Los músicos pasaron de la dictadura del acetato a la “payola” digital

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Los músicos pasaron de la dictadura del acetato a la “payola” digital

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(Foto. Archivo)
CCS

Un artista o creador del mundo cultural no aspira previamente a esa profesión para lucrarse, o por lo menos, no uno que sienta que su pasión está bien definida; en todo caso, lo que podría añorar es consolidar una obra que trascienda y despierte las fibras de los corazones.

Sin embargo, ante esa realidad, hay quienes han logrado hacer del arte y la cultura un negocio próspero, sabiendo aprovechar el talento ajeno para crear un mercado y controlar a los artistas a su antojo, convirtiéndolos en productos de marketing y usando su imagen para mover masas.

En la industria musical se siente con gran énfasis esta situación. En un principio, fueron los sellos discográficos y muchas emisoras radiales que crearon un sistema en el cual la única forma de prosperar como músico era a través de su gestión. En tal sentido, las agrupaciones y los músicos debían aceptar las condiciones impuestas para poder producir su música.

Pacto con el diablo

A cambio de giras, sonar en la radio, discos y, por supuesto, la fama, el talento musical en muchas ocasiones tuvo que firmar contratos no muy favorables para ellos, sobre todo a largo plazo, donde incluso en muchos casos hasta los derechos de sus canciones pertenecen a la industria y no a sus creadores.

Las famosas letras pequeñas que se emiten en los contratos guardan muchos secretos de una industria codiciosa y, en muchos casos, timadora, uno de los más famosos es toda la trama que se manejó con los derechos de las canciones de la famosa banda de Liverpool, The Beatles. Desde inició de la década de los 8,0 Paul McCartney empezaría una batalla contra la disquera ATP Sony para recuperar los derechos del catálogo musical de la banda, y que por cuestiones de contratos era propiedad de la disquera.

Curiosamente, quien lograría apoderarse de la licencia de las canciones de The Beatles en 1985 sería Michael Jackson, muchos éxitos mundiales creados bajo la firma Lennon y McCartney ahora eran propiedad del Rey del Pop. En 2018 McCartney recuperó los derechos.

Dueños de todo

Otra situación ocurre con los mismos músicos, quienes, en pocas palabras, pasan a ser propiedad de la industria, siendo controlados en gran medida, desde los lugares donde se presentan, la ropa que usan hasta las cosas que pueden decir. Particularmente, en el caso del Caribe, la industria es controlada desde Miami, más de un artista o grupo musical ha pasado por campañas de desprestigio por ir en contra de la industria. Estas compañías, afianzadas incluso en intereses políticos, han emprendido vetos y desprestigio en contra de artistas que han cantado en Cuba, situación que ocurre ahora con Venezuela.

Festivales de gran formato como el Suena Caracas, el Festival Internacional de Teatro y el concierto Hans off Venezuela, iniciativas realizadas por el Estado venezolano para socializar el espectáculo al alcance de todos, han tenido el honor de presentar en tarima grandes talentos internacionales, sin embargo ya son muchos los casos de artistas que se ven obligados a retirar su participación de estos eventos por múltiples presiones que reciben. Artistas como Omar Enrique y Paul Gillman también ha sido víctimas de esta industria cuando fueron cancelados sus conciertos en Colombia.

Rebeldes con causa

Existen muchos músicos que, ante la injusta oferta impuesta por las disqueras, decidieron emprender su camino creando su propio sello musical. Alí fue uno de los valientes creando en 1973 Cigarrón que, además de producir 11 discos, esta idea la ayudó a combatir la censura de su música contestataria y llegar a las zonas populares.

Digitalización de la música

Youtube se ha convertido en la primera plataforma mundial de consumo musical, 14% de las ganancias de la publicidad pagada en la web va a parar a este portal.

Ni combinando sus poderes, las disqueras pudieron hacerle frente a Youtube. En un pataleo desesperado por retomar el control de la industria surgió un sitio web llamado VEVO, donde se ofrecería un servicio para ayudar a posionar a los artitas dentro del portal, pero a la larga VEVO empezó a operar como un canal dentro del mismo Youtube.

La situación con el mercado musical ahora es controlada por este portal y aunque la realización musical se ha vuelto un tema más posible e incluso autogestionable, existen filtros que los músicos emergentes no logran superar sin ayuda de servicios como el que ofrece VEVO.

Copyright invicto

Tras una ardua lucha con ideas nunca planteadas, finalmente el Parlamento Europeo ha aprobado la normativa sobre el copyright digital que renueva los derechos de autor en la web.
Al final de la batalla, ganó el derecho de autor. La oposición que unía a los gigantes digitales como Youtube, Google, con activistas defensores de la libertad de Internet, no ha conseguido frenar una normativa pensada para actualizar el derecho de autor a la era digital.
Ese tipo de debates no ha sido planteado en ningún país de América Latina.

Tampoco es tan fácil

Con el surgimiento de Youtube pareciera que los músicos al fin hallaron la forma de llegar directamente a sus fans sin necesidad de los sellos discográficos. Todo parece resumirse en unos sencillos pasos: abres el canal, montas un video, lo compartes, lo monetizas, y la fama y el dinero tocarán la puerta. Tal vez existan unos cuantos casos así, pero la realidad es que hace falta más que talento, allí entra en juego el poder de los sellos discográficos, la inversión y el tráfico y posicionamiento del video, todo esto resulta como una carrera cuesta arriba para el talento emergente.

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