Primer documento de relevancia política del LIbertador

La Carta de Jamaica : testimonio del ideal libertario de Simón Bolívar

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YvkeMundial/Agencias

Simón Bolívar ha sido cristalizado por la historiografía nacionalista latinoamericana como el Libertador de América, aquel quien, a lomo de su caballo y empuñando la espada inflexible de la Revolución, instó a los pueblos de estas empobrecidas tierras a romper el yugo de la dominación española. La constitución de los Estados-nacionales requería ciertamente de un personaje ilustrado en las ideas liberales de igualdad política y lucha contra la tiranía, que fuese capaz de movilizar a gran parte de las gentes de la sociedad colonial, deseosas de un profundo cambio social.

 

Más, si por un lado es necesario reconocer el importante rol que jugó el pensamiento y la empresa liberal de Bolívar en la conclusión de una etapa histórica, como fue la etapa del imperialismo español, es igualmente importante reconocer las limitaciones y orientaciones de su accionar, que expresan no las limitaciones y orientaciones de un hombre, sino las de una clase social que pronto contribuiría en la configuración de un nuevo orden mundial dominado esta vez por el imperialismo inglés en una etapa posterior del capitalismo. Un imperio sin rey ni burocracia palaciega, que ejerció la dominación indirecta a través del comercio y las finanzas.

 

Simón Bolívar fue el que más soñó con una América Unida y en varios documentos que nos dejó plasmó dichas Ideas. Entre estos documentos es de suma importancia  LA CARTA DE JAMAICA:  una misiva en respuesta a las inquietudes sobre la situación de América, que le pidiera su Amigo Inglés Henry Cullen , escrita en Kingston Jamaica el 6 de Septiembre de 1815. En ella hace Bolívar afirmaciones muy perentorias sobre la necesidad de Internacionalizar el Conflicto con España y pide la ayuda del resto de Europa. Hace afirmaciones como: “Seremos más fuertes cuando estemos más unidos”, o “Quiero formar de América la más grande Nación del Mundo, no tanto por su extensión y Riqueza, sino por su Libertad y Gloria” y “Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Mundo Nuevo una sola Nación con un solo vínculo, que ligue sus partes entre sí como un todo”

 

En su Carta de Jamaica Bolívar manifiesta su rechazo radical a la dominación que ejerce la monarquía española sobre las colonias latinoamericanas; dominación que obstaculiza el progreso económico y político de unas sociedades signadas por importantes tensiones internas y cuyas estructuras de poder mostraban ya un fuerte desgaste. El Libertador se pregunta entonces por la emancipación del “hemisferio de Colón” y apela a Europa solicitando su tutelaje y recordando a ésta que la libertad de Latinoamérica es una condición ineludible al logro de sus propios objetivos políticos y económicos: “¿Y la Europa civilizada, comerciante y amante de la libertad, permite que una vieja serpiente, por sólo satisfacer su saña envenenada, devore la más bella parte de nuestro globo? ¡Qué! ¿Está la Europa sorda al clamor de su propio interés? ¿No tiene ya ojos para ver la justicia?”1

 

El eurocentrismo como cuerpo de conocimiento y dominación de la modernidad se halla presente en todo el pensamiento de Bolívar de modo suficiente. El es plenamente consciente del tipo de libertad que reclama, se trata fundamentalmente de la libertad de ejercer la dominación política y las funciones administrativas al interior de las sociedades latinoamericanas en el marco más general de la libertad económica y los postulados en defensa de la propiedad privada. En ese sentido, su Carta de Jamaica constituye una reivindicación subordinada a la Europa ilustrada (no española) para dejar ser al latinoamericano criollo-mestizo, propietario, comerciante y militar, una clase dominante autónoma. Así exige Bolívar la instrucción e intervención de Europa:

 

La Europa misma, por miras de sana política debería haber preparado y ejecutado el proyecto de la independencia americana, no sólo porque el equilibrio del mundo así lo exige, sino porque este es el medio legítimo y seguro de adquirirse establecimientos ultramarinos de comercio. La Europa, que no se halla agitada por las violentas pasiones de la venganza, ambición y codicia, como la España, parece que estaba autorizada por todas las leyes de la equidad a ilustrarla sobre sus bien entendidos intereses.

/M.V

 

 


Gracias me sirvió mucho el trabajo y todo lo demás...

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