Fraccionar para domesticar

Artículo de opinión

Fraccionar para domesticar

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(Foto. Félix González)
Carlos Zavarce

Una de las estrategias para dominar es dividir, poner a las partes unas contras las otras y, principalmente, convertirlas en espacios estancos, aislados, sin ningún tipo de interrelación. Y, oh sorpresa, si eso se logra con la cabeza de las personas, se les podrá anular cualquier capacidad para pensar, evaluar y actuar en consecuencia.

Esto es tan serio, que en la sociedad contemporánea, el mayor orgullo de un profesional es ser un “especialista”. Si es podólogo, su especialización podría ser la lucha contra los hongos en el dedo gordo del pie derecho. Si es abogado, podría especializarse en la partición de herencias entre familias matriarcales afrodescendientes. Si es ingeniero electricista, sólo sabrá de cargas potenciales en pilas triple A. Y aunque pereciera una quijotada, así se está moviendo la educación formal, porque a más especialización menos capacidad para resolver los problemas reales.

¿Por qué? Muy sencillo: porque resolver problemas requiere una visión integral, una comprensión global, una revisión histórica, un reconocimiento de los seres humanos implicados, y para ello se necesita poder ver el todo, comprenderlo en la integralidad de sus partes y procesos, en su interna y con su entorno. Pero… eso implica la posibilidad de soltar amarres, y empezar a generar respuestas desde los intereses y necesidades reales da cada grupo humano, de cada comunidad. Respuestas creativas, liberadoras y ajenas a los intereses de quienes detentan el Poder.

Vale recordar a Marx, quien decía que “el secreto es el espíritu de la burguesía”, y desde allí queda claro que el neoliberalismo para lograr que una minoría controle a una gran mayoría, ha establecido un filtro en todos los procesos destinados a informar/formar a las comunidades: parcelar la información.

En la escuela, pareciera que las matemáticas y lenguaje son materias como el agua y el aceite. Y no hablemos de historia y biología, o de física y psicología. Valdría decir, ya desde la educación básica se establece la “naturalidad” de tener cuarticos aislados en la cabeza.

Y ¿dónde se magnifica esta visión? Pues… justo en los medios de difusión. Es tan serio que mirar en TV un noticiero, es como enfrentar a una serie de cuñas. Nada tiene que ver con nada. Entonces vemos que hay una noticia trágica, donde se enseñan a varios niños muertos víctimas de un bombardeo, y acto seguido el presentador de noticias, con una gran sonrisa en el rostro empieza a hablar de una bailoterapia, o se va con un gol en un encuentro entre dos empresas del deporte-espectáculo. A continuación se pasará a la detención de cinco funcionarios corruptos, y luego un desfile de moda con trajes vendidos a cifras no menores de cinco ceros. Todo sin solución de continuidad.

Y eso sucede en los canales privados y los públicos. Y ni siquiera se salvan los llamados medios alternativos y/o comunitarios: allí se trata la crisis por la acumulación de basura en un barrio, y al momento siguiente el reportero se está bañando y bailando en la playa. Parece esquizofrenia masiva.

Y eso sería comprensible si la propuesta viniera de un medio privado, cuyo objetivo final, más allá de generar capital material, es gestar un capital mental, espiritual, alienado y manipulado, para no tener que colocar un policía a la espalda de cada ciudadano, sino para que el guardia represivo lo carguemos cada uno de nosotros infiltrado en nuestra moral, ética, manera de actuar, en el mecanismo mismo de razonar.

Los productores de medios del Estado, que deben trabajar por, para y con la comunidad, requieren, en consecuencia, empezar a cuestionar todo: no sólo la política gruesa sino cada cosa que pensamos, la forma cómo miramos, la manera en que respiramos, porque en cada contenido hay un discurso político, y cada acción se sustenta en una visión de la vida. Es impostergable desarticular la estrategia del fraccionar en cajas incomunicadas con la cual el Poder establecido divide, domestica y controla exitosamente.

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