"Ellos o Nosotros"

Artículo de opinión

"Ellos o Nosotros"

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(Foto. Archivo)
Miguel Leonardo Rodríguez

 

En ocasión de la conmemoración del histórico 13 de abril, fecha de la resurrección de la patria, de la reconquista del poder popular y su máximo líder, usurpado por las élites de los poderes eclesiásticos, sindicales y empresariales y una camarilla de militares sedientos de privilegios, se realizó una parada militar en el paseo Los Próceres para exaltar el papel conjugado que jugaron pueblo y fuerza armada en el retorno al poder  y la continuidad del proceso revolucionario.

Allí, el compañero Presidente Nicolás Maduro llamó nuevamente a la unidad nacional para defender la revolución bolivariana y el legado de Chávez. No dejó espacio para dudas o interpretaciones vacilantes, con un discurso ataviado de retórica. Directo y muy preciso en su llamado a todo el pueblo y a la fuerza armada nacional a cerrar filas contra  la guerra económica que no cesa en sus ataques para destruir el sueño por construir una sociedad de justicia y paz, Nicolás Maduro mostró recia y decididamente la voluntad del gobierno de ejercer la autoridad democrática que le ha otorgado el pueblo para dirigir el proceso y enfrentar las sombras que lo acechan.

Con absoluta contundencia exigió a los ministros y a todo su equipo de gobierno asumir el papel conductor y de vanguardia en esta dura batalla, dedicando las 24 horas del día hasta detener la arremetida y agresión que por vía del acaparamiento y la especulación viene dando la oposición golpista sin distingo alguno de clase social.

Hoy queremos referirnos a este llamado que con tanta fuerza y vehemencia nos hiciera el Presidente, precisamente en momentos en que EEUU amenaza nuestra patria con la pretensión de liquidar los logros y todo lo conquistado se deslice hacia el vacío, reforzada por la feroz campaña mediática de otros países, como España, que con las ínfulas imperiales de antaño, se dirige a Venezuela como si aún fuéramos súbditos de su decadencia.

Bien claro lo resumió el Presidente, "O somos nosotros o son ellos", para describir con exactitud lo que nos estamos jugando en este tablero de ajedrez. O es la soberanía o nos esclavizamos a la hegemonía del imperio. Por eso insistió en la necesidad de radicalizar la revolución en respuesta a este ataque destemplado, que cuenta a lo interno con el concierto –por lo demás absurdo, lastimoso y hasta con visos de comicidad, como el discurso de María Machado- con una oposición que no sale del marco de la caricatura. Radicalizar significa ir a la raíz con acciones que vayan al fondo del problema. Basta ya de medias tintas, de insistir en el dialogo y seguir buscando acuerdos que no se cumplen  con una burguesía apátrida y parasitaria, comprometida hasta los tuétanos con la acción de derrocar al gobierno.

Lo que está pasando es bien conocido por todos y se ha escrito con prolijidad explicativa sobre la guerra económica, pero ésta viene mutando y desarrollando una estrategia de golpear donde más nos duele, en forma puntual y selectiva como parte del golpe continuado que protagonizan desde el mismo instante que falleciera nuestro Comandante eterno.

Un ataque que se materializa en la desaparición continuada de productos básicos de los anaqueles, en los precios especulativos, fuera del alcance de  la población, generando sentimientos de rabia y frustración, cuya estrategia es endilgarlos al gobierno. Una macabra estrategia de guerra psicológica que busca dejar como responsable de lo que  ocurre al presidente Maduro.  

De allí que es posible llegar a escuchar entre la gente expresiones que convalidan nuestra denuncia y alerta, aseverando de forma ligera, sin mencionar la responsabilidad de las empresas y comerciantes, en que en el mecanismo de regulación y establecimiento de precios justos, radica la razón, y también olvidando que tales medidas se tomaron precisamente para asegurar su acceso al pueblo con menores ingresos. Mientras que otros comentan de manera desprevenida o quizás convencida por las campañas mediáticas y de alienación, que era mejor que lo dejaran así, sin ningún control o regulación, porque al menos se conseguía el producto, sin reflexionar sobre si antes estaba al alcance de su poder adquisitivo o no.  Es decir, nos preguntamos, ¿empezamos a sucumbir, a ser presa de la maquinaria de la  guerra psicológica? Dicho de otra manera, ¿nos ha dejado de importar que nos roben descaradamente?

Esto ocurre en medio de la desesperación por adquirir algo que se necesita con regularidad y es imprescindible, pero que alimenta los niveles de consumo en los que estamos inmersos y que en algún momento debemos parar y analizar, pues esta práctica definitivamente es insostenible en el tiempo. Si no hay lo que se busca, es culpa del gobierno y si se encuentra, está extremadamente caro: eso también es culpa del gobierno.

Lo hemos señalado claramente en otras oportunidades, es una estrategia bien montada, que busca en primer lugar, mermar el apoyo popular a nuestro gobierno, y funcionar como detonante para un estallido social. Por fortuna, el pueblo ha crecido en sus niveles de conciencia y posee una coraza que nos impedirá llegar a esos niveles de violencia al que se nos quieren conducir. Sin embargo, hay que estar siempre alertas, ya que no se sabe nunca cuál puede ser el nuevo punto de ignición que la derecha escoja para sus planes fascista.

La situación actual viene precedida por una serie de eventos aparentemente breves e intrascendentes pero que merecen la pena señalarlos para su análisis en contexto. Los productos escasean según su tipo, mientras que el gobierno toma acciones y hace esfuerzos por lograr el pleno abastecimiento de algunos, ocurre el desabastecimiento de otros. Esto ocasiona que siempre falte algo en los anaqueles, y no sea posible en ningún momento conseguirlos en su totalidad.

Ha sido así con los productos de higiene personal, pañales, toallas sanitarias, servilletas, entre otros, que habiendo trascurrido varios meses, continúan sin aparecer o cuando en forma intermitente los venden en algún supermercado, hay que hacer interminables colas para adquirirlos.

¿Quién produce, importa o distribuye estos productos en el país? Es la pregunta recurrente que hace a modo de cuestionamiento el pueblo consiente y bien informado. Una pregunta para reflexionar e ir prefigurando las repuestas adecuadas y el contundente accionar anhelado por todos.

También viene ocurriendo con algunos alimentos de la dieta diaria, como la harina, que a pesar de haber recibido dos ajustes de precios (aumentos) solicitados por la industria, no se regulariza el suministro. Cabe preguntarse, entonces, ¿qué es lo que determina la disponibilidad del producto para los consumidores? ¿Son los precios o realmente es la disminución deliberada de la producción y la restricción de la oferta?

En días más recientes, nos encontramos con la dificultad  para adquirir productos como la carne y el pollo, especialmente en algunas regiones del país. ¿Cuál es la razón para esta situación? ¿Hay alguna justificación económica? Porque con estos rubros, principal fuente de proteínas de los venezolanos, a pesar de los encomiables esfuerzos de fiscalización por el gobierno nacional, siempre han logrado obviar el control de precios, vendiendo muy por encima de los regulados. Pero más grave aún es la situación, cuando los propios gremios del sector reconocen que el país cuenta con un rebaño nacional de 15,8 millones de cabezas de ganado, cifra aceptable para el abastecimiento regular de una población como la de venezolana, a la que se suma una producción complementaria de carne porcina y de aves que está muy cerca del autoabastecimiento nacional.

Entonces, ¿está el pueblo de acuerdo en que el gobierno sucumba al descarado chantaje golpista de la especulación y el acaparamiento inducido? Pareciera que esa es la disyuntiva que tiene ante sí el gobierno del Presidente Maduro. Y esa es la que hoy debemos enfrentar con él, apoyando sus medidas y decisiones.

De allí la importancia, de una conducta individual, sensata y ponderada, de ser más agudos en la percepción de lo que está pasando, de ir más allá, no hacernos eco del rumor que nace en la cola, o como comentó un amigo de tuiter o facebook, "cuya intencionalidad de fondo es desprestigiar y que caiga el gobierno".

No podemos ser tan ingenuos al respecto. Debemos visualizar objetivamente qué es lo que está ocurriendo, donde se enlaza la realidad concreta, con el llamado profundo y retador que nos hace el Camarada Nicolás para detener esta espiral de locura y desenfreno, y salir en la defensa del pueblo, del derecho a la alimentación y el acceso a los bienes y servicio de primera necesidad.

Pareciera que sólo hay dos caminos posibles: dejar que las fuerzas del odio y la violencia sigan obrando sin reparos ni limites, o sencillamente actuemos radicalmente como bien nos enseño el comandante Chávez en los momentos más aciago de la patria. No olvidemos las lecciones que nos dejó el sabotaje petrolero.

Las medidas están en la mano del presidente a través de la Ley Habilitante recientemente aprobada por la Asamblea Nacional. Avancemos sin temor, la peor decisión siempre será la que no se toma. Es urgente detener la locura que se ha desatado.

Se hace necesario que todos los venezolanos, junto al gobierno nacional, respaldemos y nos comprometamos con las acciones que se emprendan, como aquellas dirigidas al control de los medios de producción y las cadenas de distribución que se declaren estratégicas o vitales a la vida nacional, y al control directo de las importaciones por parte del Estado.

Un escenario que nos plantea indudablemente un breve periodo de ajuste y engranaje para esta nueva realidad económica, que genera a su vez una nueva dinámica con el resto de los sectores productivos, y una relación de la sociedad, las cuales, sin duda podrían inicialmente causar algunas incomodidades, pero que a la larga se traducirán en una mayor independencia económica, y avanzar en la soberanía y seguridad alimentaria de nuestra patria.   

Llegó el momento de las definiciones y de la radicalización del proceso revolucionario para tomar e impulsar las medidas necesaria, que ataque de raíz, los factores que la determinan y permiten la desestabilización. Como lo dijo el Presidente en Barinas recientemente: "una lucha demoledora".

Como en todo momento de coyuntura, dificultades y definiciones, lo primero que debemos hacer es activar la vanguardia política y movilizar incesantemente al pueblo en función de estos nuevos objetivos estratégicos, en estar preparados para las dificultades y en asumir su defensa.  Sólo actuando de manera solidaria y consciente podremos soportar cualquier tipo de sacrificios. Construyamos el camino de la victoria, porque la burguesía no cederá y nunca nos regalara nada.

Que nada ni nadie nos quebrante el compromiso de construir la sociedad que soñamos y que hoy está nuevamente en riesgo por el chantaje del poder económico.

Quienes no quieran respetar las leyes venezolanas, no podrán seguir trabajando en esta tierra. Nuestro gobierno debe generar confianza en la gente, tomando medidas que vayan más allá de anuncios. Estamos conscientes que se trata de un monstruo de mil cabezas que ataca sin piedad por todos los flancos, que se aprovecha de nuestras debilidades.

Es la hora de dar un paso al frente si queremos preservar el legado de Chávez, de romper los esquemas y crear nuestros propios paradigmas, y que se mantenga viva la esperanza del pueblo. El tiempo juega en contra nuestra, procedamos con decisión y firmeza, seguros de que el pueblo estará dispuesto también a dar esta batalla.

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