El muchacho de Sarría que superó el racismo para enamorar con su talento y carisma

El muchacho de Sarría que superó el racismo para enamorar con su talento y carisma

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Riwill Jesús Serrano

El muchacho de Sarría que superó el racismo para enamorar con su talento y carisma

 

Ante casi 10.000 aficionados y vistiendo el número 17 de los Medias Blancas de Chicago, Alfonso "Chico" Carrasquel debutó en el béisbol de las Grandes Ligas. Fue un hombre que, con su juego pícaro y dinámico, rompió esquemas en el deporte que, en ese momento, él consideraba se jugaba "planificado y mecánico".

"Carrasquelito", el pelotero más popular y querido por la afición venezolana, brilló en las Mayores en un momento difícil para los afroamericanos y latinos. Era la época de la postguerra y arreciaba el racismo en los Estados Unidos de los años 50.

En esa época se jugaba con rudeza. Llegó a mantenerse en el campo con las pantorrillas cortadas por los ganchos (zapatos usados por los peloteros) de los corredores rivales que arremetían contra él y sin embargo eran puestos outs.

“Éramos vistos y tratados como a los negros. Solamente el hecho de llevar el nombre Hernández, González, Carrasquel, nos marcaba como no blancos para el béisbol de Grandes Ligas. Podíamos jugar en esa categoría pero siempre nos rodeaba cierto rechazo que actuaba para los negros y para nosotros, no para los italianos ni para los judíos”, narró el caraqueño, reseñado en el libro Alfonso "Chico" Carrasquel Con la V en el Pecho escrito por la periodista venezolana Milagros Socorro.

El criollo, que destacó como jugador desde muchacho, firmó en 1949 con los Dodgers de Brooklyn, pero debido a sus problemas con el inglés fue cambiado a los Medias Blancas de Chicago.

A los 24 años, "Chico" debutó jugando como titular del short stop el 18 de abril de 1950 frente a los Carmelitas de San Luis en Chicago. Fue séptimo bate y dio un hit en tres turnos en la derrota de su equipo 5-3.

Sobrino de Alejandro "Patón" Carrasquel, primer nativo en la gran carpa, fue el primer latinoamericano que cubrió el short stop hispano con garbo y elegancia. Eran únicos sus desplazamientos. Su juego alegre y apasionado cautivó a los aficionados de Chicago que iban a verlo por su gran destreza para fildear.

El pelotero cubano Orestes "Minnie" Miñoso, su compañero de equipo, lo expresó así: "Había visto tantos buenos campocortos, pero 'Chico' ha jugado como nadie alguna vez he visto. ¡Este chico nunca se pierde una pelota! ¡Qué guante! ¡Qué manos!. Tiro perfecto a la primera base todo el tiempo", comentó Miñoso, legendario jugador que rompió barreras del racismo dentro de las Grandes Ligas y único en jugar en cinco décadas distintas.

Tanta fue la idolatría que generó con su carisma, que su popularidad creció a pasos agigantados. En Venezuela se convirtió en el primer gran ídolo del pueblo. En 1951, en su recibimiento en el aeropuerto de La Carlota, fue alzado en hombros por un mar de gente que le demostró su admiración y cariño.

"No hablo inglés, mi guante habla por mí"

Llegó a Estados Unidos y no articulaba ni una sola palabra en inglés. Pasó ratos amargos por el lenguaje, pero siempre salió airoso por su espontaneidad. “Esta gente esta empeñada en que hablé inglés, pero si yo hablo con mi guante”, se decía a sí mismo.

En una ocasión un periodista, cuya labor era escribir sobre la vida del nativo, conocía sus problemas con el idioma y lo criticó duramente, a lo que Carrasquel con suma naturalidad respondió: "El que debe aprender a hablar español eres tú, porque a mi no me trajeron aquí para hablar (...) cuando aprendas español me avisas y conversamos. El hombre se levantó y se fue bravo", evocó el Chico en la historia plasmada por Socorro.

Hasta su mismo manager, Paul Richards, cuando veía al Chico hablando español con otros latinos, cortaba la conversa abruptamente: "No quiero que me hablen en español, se habla inglés y de béisbol".

En una ocasión, cuando ya el "Sobrino", otro de sus motes, era una figura consolidada a mediados de los años 50, Phil Rizzuto, campocorto estelar de los Yankees de Nueva York y uno de los grandes de la historia, le dijo con ironía: "¡Qué grande hubiese sido yo sino hubiera jugado en tú época!".

Rizzuto no lo dijo por alabarlo, sino que Chico le rompió varios récords defensivos y le ganó cuatro veces la elección como titular de la posición en el Juego de Estrellas.

En los “Sox” hizo pareja de doble plays con Nellie Fox. Reemplazó en las paradas cortas a Luke Appling, Salón de la Fama, y quien por más de 20 años fue la figura de Chicago. Appling, quien se retiró esa campaña a los 43 años, jugando como reemplazo defensivo, fungió como mentor del criollo que asumió el puesto para demostrar todo su talento.

Esa misma tarea realizaría Carrasquel, años después, cuando fue un guía en la carrera de Luis Ernesto Aparicio, único Salón de la Fama venezolano, y quien escribiría su grandiosa historia al sustituir en el puesto 6 del campo, precisamente, a su amigo y maestro.

Humildad y familia

Con el Chico eran 10 los hijos de María Lourdes Carrasquel Aparicio, su madre adorada.

Degustaba con placer el pollo relleno de verduras que su madre le cocinaba. La señora Lourdes lo consentía tanto, que incluso, estando en Chicago, ya como grandeliga, le mandó por correo su plato favorito en una caja. "¡El pollo llega a Chicago en una caja, imáginate el estado en que llegó!", cuenta con elocuencia el pelotero nacido en el Barrio Corao (hoy no existe) en La Candelaria un 23 de enero de 1958.

El "Muchacho de Sarría", primero que dio un jonrón en la liga venezolana, primer pelotero latino en un Juego de Estrellas, jugó en una época gloriosa para las mayores pues compartió con luminarias como Ted Williams, Stan Musial, Joe DiMaggio y Jackie Robinson (primer beisbolista afroamericano en ingresar a las Grandes Ligas).

"Aquí estas carajito, empezaste a jugar con los pies descalzos, metido en saco de harina (su primer uniforme lo cosió su mamá con la tela de dos sacos de harina de la época, la Gold Medal) y ahora estás parado en el césped del Yankee Stadium, la casa de Babe Ruth, Joe DiMaggio y Mickey Mantle", se dijo a si mismo cuando jugó por primera vez en el hogar de los Mulos del Bronx, famoso y mítico recinto.

Fue un hombre humilde que vendió arepas para ayudar a la familia. Dejó los estudios y decidió vivir del béisbol, disciplina en la que estaba destino a triunfar. En esa época las condiciones eran muy duras para jugar pelota.

"Cuando yo jugaba con el Cervecería Caracas, nos daban 100  bolívares por un jonrón, 30 por un triple, 20 por un doble y 10 por un hit, eso si ganábamos", explicó en el citado libro, y recordó que su madre escucha en la radio los partidos y ligaba un jonrón en cada turno, pues así tendrían dinero para hacer el mercado.

Legado y numeritos

Con sus grandes actuaciones le allanó el camino a figuras como Luis Aparicio, David Concepción, Oswaldo Guillén, Omar Vizquel, y más recientemente Elvis Andrus y Alcides Escobar. Así, Venezuela fue conocida como una tierra donde nacían talentosos campocortos.

El "fantasma de la calle 35", como también fue conocido por su habilidad con el guante, partió físicamente el 27 de mayo de 2005.

Carrasquel fue exaltado al Salón de la Fama de Venezuela en 2003. Jugó 10 temporadas: Chicago (1950-55), Indios de Cleveland (1956-58) Atléticos de Kansas City (1958) y Orioles de Baltimore (1959).

En total participó en 1.241 juegos; tuvo un promedio de bateo de .258; en fildeo su proentaje fue de .969; anotó 568 carreras; conectó 1.199 hits; bateó 55 jonrones, facturó desde el campocorto 770 dobleplays; y ejecutó 3.619 asistencias.

Además, fue tercero en la votación al Novato del Año en 1950. Logró 297 lances sin cometer errores, con lo que superó los 288 de Phil Rizzuto en 1951. 

Con Baltimore realizó, en combinación con el inicialista, el primer tripleplay en la historia de los juegos inaugurales de Grandes Ligas en 1959.

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