De La Dimensión Latina me iré cuando ya no pueda soplar el trombón

José Antonio Rojas:

De La Dimensión Latina me iré cuando ya no pueda soplar el trombón

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La Dimensión Latina (Foto: Archivo)
YVKE Mundial/Ciudad Caracas

Sobreviviente de mil batallas es el personaje que hoy nos ocupa. Uno se atrevería a decir que su carisma, su personalidad, esa particular manera de ser, le ha granjeado emular al brasilero Roberto Carlos, porque no ponemos en duda que José Antonio Rojas, conocido en los fondos musicales como “Rojita”, ya sobrepasa en su haber más de un millón de amigos… y eso que no tiene Facebook.

UN CAMPESINO DE CLASE MEDIA

Nos lo repite a cada rato, quizás porque le entendemos poco. La lengua se le enreda en ese empeño de querer hablar rapidito. El hombre nació el 3 de septiembre en la década del 50, en San José de Río Chico, y forma parte de una legión de 16 hermanos.
“Es que para esos lados era raro un televisor y es una zona muy calenturienta… je, je, je”.

—¿De dónde te viene la música?

—Siempre me gustó. En los ratos libres siempre andaba investigando de dónde eran los cantantes… A mi abuela no le gustaba nada el asunto. Ella decía que eso de ser músico significaba mujeres, caña y droga. No niego que muchos compañeros han caído, pero la rumba tiene que seguir, decía yo.

—Tu estudiaste música en la escuela militar.

—Sí, claro. Hubo la oportunidad y no lo pensé dos veces. Antes había intentado ser cura, pero no serví.

—¿Cura?

—Sí, porque yo asistía al cura de mi pueblo con las canciones en latín. De esa vocación solo me queda la coronilla.

—Pero en tu pueblo, cuando niño…

Mamá Carmen, que así le decía yo a mi abuela, era muy jodida en eso de que yo estudiara. Estaba empeñada en que fuese médico, pero todo fue en vano. Cuando me tocaba jugar en las noches yo me iba a la Escuela de Música en San José de Río Chico. Después nos mudamos para El Clavo y allí también formé el rumbón, como dice el propio Maelo.

—¿Y cuándo aceptó?

—Eso fue muy bueno, porque el cura de Río Chico estaba montando un grupito y yo me inscribí. Tocaba yo el bombardino. En cierta oportunidad el cura armó su banda para un matrimonio y allí me pagaron 25 bolívares. Me presenté con mi instrumento y mamá Carmen me dio unos correazos y a punta de chaparrazos me llevó donde el cura, quien le explicó de dónde había salido ese dinero. Total que los 25 bolívares sirvieron para comprarle dos pares de zapatos a dos de mis hermanos y yo hice lo propio. Al final accedió, pero estuvo dándome jarabe de lengua hasta decir basta…Que si esos seres humanos toman mucho, que les da tuberculosis o mil cosas. Es esa famita que se formó de tiempos inmemoriales…
Rojita habla de su infancia y se emociona. Recuerda a Zoilo Hernández, su primer maestro de música y al cura que formó su grupito.

APARECE FEDERICO Y SU JALEO

Por encimita, pero se dijo: Rojita se fue para la Escuela de Músicos Militares. Su instrumento era el bajo de viento. Lo del trombón llegó del cielo.
“Tocaba bajo de viento. Lo del trombón se dio porque al cabo primero se le puso difícil una presentación. El entonces Pablo Ermitano, ese gran maestro de maestros, me conminó a que tocara trombón. me salió bien y al final el hombre me dio 15 días para que tocara el instrumento sin recurrir a los pistones. Me dio 15 días de plazo. Pedí ayuda pero me dijeron que resolviera mi problema yo solo. Al final pude con la exigencia y aquí estoy otra vez, ya tú sabes”, dijo.

—¿Cuando comienzas con Federico y su Combo?

—Hmmm… Después de la Banda Militar me fui a mi pueblo y compré una camioneta de pasajeros. Prácticamente había abandonado, pero mataba mis tigritos con una agrupación llamada Sabor Tropical. En una de esas presentaciones se presentó mi compadre “Culebra” Iriarte y Carlín Rodríguez. Le dijeron a Federico que yo era el trombonista que necesitaban y él me ofreció empleo. Bueno, vendí la camioneta y me vine a Caracas. Viví en el apartamento del Rey del Güiro como seis meses. De allí salí vestido de novio para casarme con la que hoy es mi esposa.

—¿Y La Dimensión Latina?

—Ya yo me había retirado de la orquesta de Federico y me había empleado como Bombero. Eso, un día se presentaron El Gordo Monge y Oscar D’ León. Habían ido a buscar a mi casa una muda de ropa y zapatos de charol para llevarme a La Distinción porque iban a debutar. Abandoné la guardia y me fui. Mi mujer estaba en la Maternidad y dio a luz a mi hijo menor. Él nació cuando debutamos con La Dimensión Latina en La Distinción.

—Ganaron mucho dinero…

—Si, pero mucho lo invertimos mal… Yo monté una funeraria llamada Funeraria Latina y por no atenderla quebré. Luego compré dos autobuses y dejé a mi compadre encargado del asunto y terminé vendiéndoselas a él.

—¿Cómo te va con Dimensión?

—Muy bien. De allí me iré cuando deje de soplar el trombón. Hoy estamos mejor que antes porque estamos muy unidos. Pertenezco a los originales, porque por allí hay una tapa amarilla del que no me voy a ocupar. La gente sabe quiénes somos y nos sigue.
Recientemente se presentaron en Medellín y nos consta que causaron sensación. Son los propios, los que saben brindar sabor en una tarima. Así de simple.
¡Saravá!

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ÁNGEL MÉNDEZ/CIUDAD CCS

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