Che, 50 años: más allá del mito

Opinión

Che, 50 años: más allá del mito

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Foto: Referencial
Irán Aguilera Abad
Quizás la primera vez que escuché algo sobre Che fue cuando era muy niño, por allá, en mi pueblo natal, El Carito, que días antes había sido tomado por un batallón de cazadores del ejército. Los cariteños andábamos aterrorizados por los muchos allanamientos y detenidos. Entre los culatazos y las amenazas un tenebroso nombre: Cocollar, el TO4, sólo escucharlo helaba los riñones. Mi padre pudo esconder apresuradamente unos folletos, y le recomendó a un sobrino que guardara bien su correa porque peligrosamente la hebilla exhibía, en rústico alto contraste, la foto Korda.
 
Contar esta anécdota, quizás algo bucólica, a 50 años de la caída en combate del Comandante Ernesto Che Guevara y sus compañeros de guerrilla, pudiera ilustrar un poco algunos aspectos del Guerrillero Heroico, siempre vivo en las entrañas de los pueblos de Nuestra América. Sí, a él, el Che, el atacado sin tregua de todas las formas y maneras para borrárnoslo de la memoria. Una de esas formas, tal vez la más refinada, es manipular su imagen hasta la trivialidad. Desde aquellos mismos días, que pudieran parecer ya lejanos, una industria, que aparenta ser ajena a lo político, ha pretendido convertirlo en un objeto de consumo masivo inocuo, incluso recicla de vez en cuando alguna vieja forma como si fuese un revival.
 
Recordar hoy al Che es saludable no hacerlo como lo sugiere el menú de la burguesía y sus ideólogos, o sea, de shopping, o haciendo calistenias intelectuales en alguna biblioteca o librería como gustan algunos exquisitos izquierdistas, o libando escocés en alguna barra hasta la saturación etílica para creerse en la Sierra Maestra. No. Che es combate. Su herencia es una convocatoria a la calle, el aula de clase, la fábrica, el Consejo Comunal, el Clap, la organización campesina o pesquera. Pero también es la reflexión con audacia, el pensar con cabeza propia. Allí, y sólo allí, es donde el homenaje al Guerrillero Heroico es consecuente con su legado y sacrificio.
 
La característica fundamental que definió al Che era su preocupación, incluso hasta la terquedad, no sé si en extremo, para que la teoría revolucionaria fuera de la mano con su voluntad de lucha y su heroísmo personal. Así fue de exigente quien llegó, quizás, a ser el mejor paradigma del combatiente revolucionario. Al Che lo podemos caracterizar con él mismo: un cuadro revolucionario, en todos los sentidos, como lo definió él en su trabajo: El cuadro, columna vertebral de la revolución, publicado en 1962.
 
Che forma parte de una saga de una misma continuidad metodológica, sustentada sobre los más sólidos principios desde la perspectiva de los oprimidos, ella nos viene desde Marx y a la que luego se siguió Lenin, y en América Latina Mariátegui, Fidel y Chávez, entre otros grandes pensadores, militantes revolucionarios, quienes tuvieron un denominador común: la respuesta teórica, creadora, requerida ante una coyuntura histórica determinada. El legado teórico del Che aún sigue pendiente para ser estudiado y desarrollado. Esa es una de las tareas de las nuevas generaciones de combatientes revolucionarios de nuestra época. Por algo, y no por poca cosa, en su famoso Diario en Bolivia escribió para recordar el asalto al Cuartel Moncada: “El significado del 26 de julio: rebelión contra las oligarquías y contra los dogmas revolucionarios”.
 
La herencia del Che visionario está más vigente que nunca. Los grandes temas del debate actual eran temas del Che. Recordemos lo que planteaba en su entrevista al Express: “Marx se preocupaba tanto de los factores económicos como de su repercusión en el espíritu. Llamaba a esto ‘hecho de conciencia’. Si el comunismo se desinteresaba de los hechos de conciencia, podrá ser un método de distribución, pero no será jamás una moral revolucionaria”, Sin duda, esta aseveración guevarista es de gran actualidad en el debate teórico de los revolucionarios del Siglo XXI.
 
Che, combatiente heroico, encarna en sí mismo el genuino proyecto político y moral de los pueblos, amalgamado con el más profundo de los humanismo. Por ese proyecto luchó y llegó hasta el martirio. El proyecto guevarista es el que nos puede hacer sentir angustiados “cuando se asesina a un hombre en cualquier rincón del mundo y sentirse entusiasmado cuando en algún rincón del mundo se alza una nueva bandera de libertad”, es el mismo proyecto que nos convoca hoy como pueblos a estar más unidos en la lucha contra el enemigo común de la humanidad: el imperialismo. Es la forma más auténtica, más consecuente, más combativa del humanismo revolucionario, tan necesario hoy para salvar el planeta de la hecatombe a la que nos conduce el capitalismo globalizado y depredador.
 
Su muerte prematura en octubre de 1967 truncó el extraordinario proceso de maduración total de sus ideas. Es invalorable lo que podemos aprender del Che en sus lecciones de su propia la lucha contra la burocracia, la democracia en la planificación y la táctica y estrategia revolucionaria. Todas sus ideas y su acción están articuladas coherentemente en su proyecto transformador; es una ética social enfrentada de manera irreconciliable contra los valores del individualismo mezquino, contra esa plaga apocalíptica que es la competencia de todos contra todos en la sociedad del capital.
 
En la arquitectónica del socialismo el Che no se separa jamás de los valores éticos, porque son inmanentes a él: “El socialismo económico sin la moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo contra la enajenación”, así se expresaba cuando opinaba sobre lo que hoy podemos llamar dialéctica entre la subjetividad y las condiciones materiales de vida. También el Comandante Supremo y Eterno, Hugo Chávez, planteó muchas veces, y de manera reiterada incluso, su rechazo de la visión economicista (la regida por leyes que pretenden ser naturales: la ley del valor y las demás del mercado) y nos  planteaba ejecutar la propuesta de la concepción del socialismo, basada en la toma de decisiones económicas (prioridades productivas, precios, distribución, etc.) según criterios sociales, éticos y políticos. Esos criterios fueron desarrollados por Guevara para la realidad de la Revolución Cubana en un trabajo muy singular, por lo novedoso y audaz, titulado: Sobre el sistema presupuestario de financiamiento, donde polemiza con los partidarios de lo que pudiéramos calificar como el socialismo mercantil, al cual le opone la necesidad de la planificación. Eso generó un debate que persiste aún hoy en día con mucha pasión, y se expresa conceptualmente según Guevara en las: “Diferencias generales entre el cálculo económico y el sistema presupuestario de financiamiento”. En la transición socialista el pueblo organizado en el poder debe intervenir a través de un plan desde una perspectiva praxiológica. Los revolucionarios, en la actividad política en la construcción del nuevo poder, dirigen la economía planificadamente, y si es necesario acelerar se acelera, y, si al contrario, se impone la necesidad de desacelerar se hará en esa otra dirección o velocidad. El plan es la acción de la voluntad del hombre que de manera consciente lo elabora, ejecuta y evalúa para controlar la producción, la distribución, e igualmente la relación entre la acumulación y el consumo que conduzcan a reproducir relaciones socialistas.  Así visto el socialismo no es más que un proceso constructivo consciente, humano, y por lo tanto no se debe dejar arrastrar por fuerzas de un proceso natural ciego, en donde el sujeto revolucionario no ejerce un papel pasivo sino activo en el devenir.
 
Es de este contexto creador de donde emerge el concepto guevarista del hombre nuevo, el integral, que no es más que la construcción de la nueva subjetividad histórica necesaria, en lo esencial, para edificar un proyecto de revolución social para superar la unilateralidad del mercantilismo capitalista. En su ensayo El socialismo y el hombre en Cuba, Guevara desarrolla de manera brillante esta idea. No fue nuestra intención agotar en este corto espacio los temas sobre Guevara, no era posible, he querido sólo presentarlos quizás para estimular su estudio, como un homenaje a los 50 años de los sucesos de la quebrada del Yuro. El pensamiento del Che vuelve a cobrar vigencia, hoy con más bríos, de cara al presente desafío de los pueblos, entre ellos el venezolano asediado por Imperialismo Yanqui y sus lacayos
 
Barcelona, 8 de Octubre de 2017.

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