Miercoles, 22 de Mayo del 2013

Artículo de opinión

Chávez, el auténtico

Político y militar venezolano, José Gregorio Vielma Mora. (Foto: Archivo).
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YVKE Mundial/ Nelson Algueida/ José Gregorio Vielma Mora

En cualquiera de los torrentes humanos que presencian los mítines del presidente Chávez, se oyen emotivas expresiones nacidas del alma como estas: "Dios te bendiga Chávez", "Chávez te amo por siempre", "Chávez yo aprendí a leer por ti, y ahora estoy en la Universidad", "Verte es como ver a mi Dios".

Al observar ese comportamiento humano, se palpa una simbiosis o comunidad espiritual invencible. Me viene a la mente esa felicidad como actividad del alma de que alguna vez habló Aristóteles para referirse a ese hombre auténticamente político que se ocupa, por encima de su propia existencia, de la felicidad colectiva, a la que también aludió el Libertador. Cuando el Presidente expresa que se siente encarnado en el pueblo solo expresa su verdad, aquella verdad que nace en el líder auténtico, que se afirma a sí mismo a través de su lucha y acción permanente para lograr el bienestar de su pueblo. Los filósofos Hegel y Heidegger coincidieron en sentenciar que la autenticidad existencial se afirma cuando la bondad que yace en el subconsciente logra transformarse en realidad. En el presidente Chávez se materializa ese fenómeno porque su existencia está atada a la materialización de felicidad para el mayor número de hombres y mujeres posible. El pueblo, por esas cosas de Dios, o por esa interrelación cuántica, o bien por esa percepción de la bondad subyacente, lo sabe.

No es casualidad que el Presidente haya retornado al poder después de haber sido prisionero y ordenado su asesinato, tampoco es casualidad su singular poder de recuperación y mucho menos es casualidad que el pueblo lo exculpe de naturales errores gubernamentales cuando se avanza hacia un socialismo en un inédito clima democrático. Ello ha ocurrido por esa capacidad popular de percepción que permite captar al hombre auténtico inmerso en la angustia del desposeído y no descansa hasta liberar al pobre de su histórica exclusión.

El presidente Chávez entrega su vida al rescate de los excluidos y a derrotar las vicisitudes que ha de enfrentar. Esa lucha por el bien no le permite desvanecer; en contrario, cada instante reafirma la necesidad de lograr su objetivo de incluyente felicidad, no hay tiempo para el cansancio y tampoco hay tiempo para morir. Solo hay tiempo para triunfar.


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