Argentina, Brasil y México pedirán en G-20 reformas, créditos y control del capital

Argentina, Brasil y México pedirán en G-20 reformas, créditos y control del capital

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La reforma de los organismos financieros internacionales, un mayor control de los capitales y que se mantengan abiertos los créditos para las economías menores serán las peticiones de Latinoamerica, representada por Argentina, Brasil y México, en la cumbre del G20, que se realizará el próximo 2 de abril.

La crisis financiera internacional ha golpeado fuertemente a las tres economías más fuertes de la región y, aunque tienen puntos de coincidencia sobre lo que debe cambiar en el sistema financiero internacional, no acudirán a Londres con una propuesta conjunta.

"Nuestro compromiso (en el G20) es con Argentina y con el G5 (Brasil, México, China, India y Sudáfrica)", declaró la semana pasada Lula en Sao Paulo, sin dar más detalles, después de reunirse con su par argentina, Cristina Fernández.

En la Cumbre de América Latina y el Caribe celebrada en Brasil en diciembre de 2008, los 33 países participantes acordaron la creación de un grupo de trabajo para elaborar propuestas contra la crisis, pero hasta ahora la iniciativa no arranca.

Pese a la ausencia de una propuesta conjunta, los tres países coinciden en que la crisis ha puesto de manifiesto la necesidad de introducir cambios en el sistema financiero y en particular en los organismos multilaterales de crédito.

Fernández señaló en Sao Paulo que esas instituciones "necesitan una profunda reforma, pues es preocupante su gran desorientación y la falta de respuestas", al tiempo que aseguró que "el G20 puede ser un incentivo para ver si ellas tienen la flexibilidad de reconocer que el mundo ha cambiado".

Como economías emergentes, los latinoamericanos reclaman más voz y voto en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). Igualmente, coinciden en la necesidad de mantener abiertos los grifos del crédito para evitar que se paralice la inversión y que los estragos en la economías emergentes sean mayores de lo experimentado hasta ahora.

En la reunión de ministros iberoamericanos de Finanzas celebrada este mes en Oporto (Portugal), el titular mexicano de esa cartera, Agustín Casterns, pidió medidas de "coordinación" para que la mayor demanda de créditos en los países ricos no cierre las puertas a los pequeños o menos desarrollados.

Fernández, por su parte, señaló que el FMI y el BM "tendrán que convertirse en un instrumento de financiación, sin condicionamientos, fundamentalmente para las economías emergentes, responsables de las tres cuartas partes del crecimiento de la economía global".

El Gobierno de Argentina defenderá además en Londres la supresión de los paraísos fiscales, en la mira también de algunos países de la UE que han planteado incluso la posibilidad de imponer sanciones a esos territorios. Fernández agregó que Argentina pedirá “la regulación definitiva a nivel global del sistema financiero y el movimiento de capitales", que actualmente beneficia a los países centrales, aspecto al cual es sensible Brasil, que propondrá un mecanismo para regular capitales en los mercados emergentes.

En medio del “empeoramiento de la crisis, los inversores retiran dinero de los países emergentes y lo aplican en países desarrollados (...) Eso perjudica las exportaciones de EE.UU. y las importaciones de los emergentes", afirmó el ministro brasileño de Hacienda, Guido Mantega.

Teniendo como referencia los estragos que la crisis ha causado en sus economías, especialmente en el empleo y en las exportaciones, las delegaciones de Argentina, Brasil y México insistirán en que el proteccionismo comercial no debe ser usado como argumento para enfrentar el temporal.

"Necesitamos dejar claro que el proteccionismo puede ayudar momentáneamente, pero que, a mediano plazo, será un desastre para la economía mundial", dijo Lula a mediados de mes antes de viajar a EE.UU. para reunirse con el presidente Barack Obama.

Sin embargo, la crisis ha obligado a Argentina a imponer licencias no automáticas para la importación de unos 200 productos, algunos de ellos procedentes de Brasil, lo que ha causado malestar en el sector empresarial brasileño.

Lo que todos sí tienen claro es que la crisis ha demostrado la urgencia de concluir las negociaciones de la Ronda de Doha para la liberalización del comercio mundial, trabadas desde mediados del 2008 y que, según Lula, es una salida para la crisis actual y una forma de "ayudar a los países más pobres a venderle sus productos a los ricos".