Apure: Ensayo en caliente para la “prensa libre” como actor de la guerra asimétrica

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Apure: Ensayo en caliente para la “prensa libre” como actor de la guerra asimétrica

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Foto: La Iguana
Yvke Mundial /Clodovaldo Hernández

En las guerras llamadas de quinta generación no es suficiente con que se entrenen las fuerzas militares que deben realizar el trabajo bélico convencional. Es necesario que también lo hagan los otros actores de ese tipo de conflictos. En los sucesos de Apure eso ha sido evidente. 
 
Si se observa con cuidado el desarrollo de los hechos en la zona limítrofe del estado llanero se puede comprobar que en las operaciones contra Venezuela no han participado solamente los irregulares colombianos alzados en armas, sino también –y en un rol más que protagónico- medios de la muy entrecomillada “prensa libre” y organizaciones no gubernamentales de los dos lados de la frontera. Ambos (medios y ONG) se proyectan muy definidamente como lo que son en sentido estricto: agentes hostiles al gobierno de Venezuela, es decir, parte inseparable de las fuerzas beligerantes. 
 
Se trata -no es válido ponerle suavizantes- de enemigos que actúan abiertamente en los campos de batalla paralelos e, inclusive, en el teatro real de operaciones. Lo hacen bajo la apariencia de ser entes neutrales, de observadores objetivos, pero sus vinculaciones solidarias con el bando promotor del ataque son muy claras y demostrables. Veamos algunas. 
 
El financiamiento

Primero lo primero. Y en el mundo capitalista, ese componente es el dinero. Si se analiza quién sostiene económicamente tanto a las ONG como a los medios de comunicación que han tomado parte activa en la guerra permanente contra Venezuela (y, muy específicamente, en ensayos en caliente, como el de Apure) constataremos que son armas al servicio de la estrategia imperial. 
 
Algunas de estas ONG se comportan como “no gubernamentales” con respecto a las autoridades de Venezuela, pero son indiscutiblemente “muy gubernamentales” respecto a Estados Unidos y a países de la Unión Europea que sostienen sus actividades bajo pretextos políticamente correctos, como la lucha por los derechos humanos, la libertad de expresión, la transparencia electoral y la lucha contra la corrupción. Debajo de tales ropajes está la verdad: luchan por derrocar a un gobierno que nos les gusta para instaurar uno que obedezca a sus dictámenes y favorezca el control geopolítico de los abundantes recursos naturales venezolanos. 
 
De hecho, la fundación de ONG se ha convertido en uno de los negocios más jugosos para personas avispadas en muchos países, que consiguen así ingresos en monedas fuertes, adquieren notoriedad como luchadores por causas prestigiosas y reciben invitaciones constantes para viajes internacionales con el propósito de asistir a cursos y conferencias y recibir premios y homenajes. 
 
A cambio de tales privilegios, los directivos de las ONG pagadas por las potencias extranjeras deben estar prestos a actuar cuando los patronos lo exijan. Y las operaciones psicológicas asociadas a actos de guerra de quinta generación –como la desarrollada en Apure- se cuentan entre esos momentos en lo que el empleador reclama su contraprestación. 
 
Algo muy parecido puede decirse acerca de la llamada “prensa libre”, apelativo que cínicamente le endilgó el genocida en serie Elliott Abrams (encargado de Venezuela por el gobierno de Donald Trump), cuando dijo que la USAID (la fachada decente de la CIA) financiaba las actividades de los medios opositores en Venezuela. 
 
En esto de “chupar de la teta” del financiamiento de los países enemigos de Venezuela se han anotado varios empresarios vivarachos, sobrevivientes del naufragio de los medios de comunicación convencionales; y también se han sumado los dueños de nuevos medios digitales (algunos que actúan abiertamente y otros mediante interpuestas personas que posan de «emprendedoras»). Todos reciben sus aportes a cambio de una pertinaz y atorrante campaña contra el gobierno bolivariano y de reforzamiento de las grandes matrices de opinión generadas en torno a todo aquello que huela a izquierda o a socialismo. En situaciones especiales –como la que acaba de ocurrir en la población apureña de La Victoria-, esos batallones mediáticos están obligados a presentarse a combate. En el caso que nos ocupa, lo hicieron con la rapidez y la disposición de los mejores soldados. 

La vinculación de ONG y «prensa libre» con los ejecutores de la agresión militar contra Venezuela se aprecia también en la manera orquestada en la que actúan en situaciones como la de Apure. 

 Al reconstruir minuto a minuto los hechos, el portal de periodismo de investigación y datos La Tabla, evidenció que los «cuentacuentos» mediáticos se activaron de un modo veloz para posicionar dos matrices. La primera, que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana estaba cometiendo violaciones a los derechos humanos contra la población civil; y la segunda, que la gente desplazada había encontrado abrigo en Colombia, por lo que las generosas autoridades de ese país necesitaban apoyo económico para su loable tarea humanitaria. 
 
Esos dos relatos apuntaban claramente al objetivo de encubrir la realidad: un grupo armado colombiano había actuado en territorio venezolano, matando a dos oficiales y utilizando incluso armamento de guerra prohibido como las minas antipersonales. Al ser repelidos, encontraron refugio en el departamento de Arauca, sin que las Fuerzas Armadas de Colombia hayan intentado detenerlos, a pesar de que, según se dice, se trata de guerrilleros disidentes de las FARC, es decir, enemigos del gobierno colombiano de ultraderecha. La maquinaria mediática, con los portales colombianos en función estelar, cumplió la misión de posicionar este relato, completamente al revés, en el que Venezuela no es la agredida, sino la agresora. 

Otro momento destacado de la operación comunicacional es el de los «cuatro periodistas detenidos por la FANB», un hecho que nunca ocurrió, pero que se estableció como una típica posverdad. 
 
Los mismos implicados (en realidad, dos periodistas, un abogado y un docente) declararon que no estuvieron detenidos y que, por el contrario, recibieron protección de la Guardia Nacional Bolivariana. Pero la «prensa libre» ya había hecho su trabajo de propiciar el clima de opinión apropiado para que personajes de toda laya, inclusive el absolutamente descarado Iván Duque, salieran a pedir intervención de organismos internacionales para garantizar la vida de los periodistas.  

[Sí, Duque, el presidente del país donde La Fundación para la Libertad de Prensa, que empezó a llevar estadísticas en 1977, ha registrado desde entonces 161 asesinatos de periodistas. Pero ese es un tema aparte]. 
 
Las ONG no desentonaron tampoco en esta operación o ensayo en caliente. En apenas unas horas se emitió un comunicado en el que 60 de ellas (según las versiones de prensa) piden a la ONU y la OEA que intervengan en la situación fronteriza, cumpliendo así el consabido propósito de hacer ver al mundo que se trata de un conflicto internacional o de un problema de Venezuela que está afectando la paz de Colombia. Una vez más, la realidad invertida. 
 
En su punto de encuentro, las ONG que han orientado su modelo de negocios hacia el nicho de la libertad de expresión, se dedicaron a ametrallar, a discreción, las denuncias sobre las supuestas restricciones a la labor de la «prensa libre» y respecto a la falsa desaparición de los cuatro periodistas, que en realidad no eran cuatro ni estaban desaparecidos. 
 
Cuando se explora, incluso muy someramente, en las relaciones de los directivos de estas ONG con los actores no encubiertos de la guerra de quinta generación que está en marcha, se entiende perfectamente el papel que desempeñan. Basta mirar algunas de las fotos de sus perfiles en redes sociales para saber que sus mejores amigos están en el ala pirómana de la oposición venezolana y en las altas y bajas esferas del uribismo colombiano, incluyendo sus peores rastrojos. Calcule usted. Para la discusión

La situación planteada en Apure no ha sido sofocada, pero puede tomarse la primera semana como una especie de ensayo general de una operación mayor en la que obviamente participarán los mismos actores de esta primera tentativa y quizá algunos más de la escena internacional. 
 
En lo que respecta al tema específico de este artículo, puede considerarse demostrado que la «prensa libre» y las ONG, financiadas por EEUU, la Unión Europea, otros países y corporaciones privadas, cumplieron su rol en las maniobras. Son parte medular del ejército enemigo… ¿o cabe duda? 

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