¿Venezuela debe anticipar la realización de nuevas elecciones?

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¿Venezuela debe anticipar la realización de nuevas elecciones?

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Foto: Referencial
YVKE Mundial/Cancillería/Breno Altman

La ofensiva internacional contra Nicolás Maduro, comandada por la Casa Blanca, posee tanto compromiso con la libertad como una manada de hienas es solidaria a la preservación de las cebras.

De ojo echado en las riquezas naturales de Venezuela, especialmente el petróleo y dispuesto a recuperar protagonismo en América Latina frente a la coalición rusa-china, Donald Trump apuesta en la desestabilización, en el cerco y en la derrocada de un gobierno soberano.

Inventó a un “presidente interino”, el diputado Juan Guaidó, conducido a la función por autoproclamación y que prestó juramento fuera de cualquier institucionalidad. Presidente de la Asamblea Nacional elegida en 2015, sin haber recibido un sólo voto popular para asumir el comando del Poder Ejecutivo, el parlamentario desacata a la Corte Suprema y apoya su intentona sobre potencias extranjeras.

Tal operación es un inequívoco golpe de Estado. El objetivo inmediato es atraer a las Fuerzas Armadas. Al fracasar ese intento, como parece que es el caso, la alternativa sería organizar grupos paramilitares y crear un clima de guerra civil para que los “interinos” convoquen a la ayuda militar externa.

Así, se rompe con el principio de la autodeterminación de los pueblos, matriz fundamental del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas, por el cual todos los países renuncian al uso de la fuerza para derrocar o establecer gobiernos en otras naciones.

El punto de partida de esa estratagema está en uno de los más grandes fraudes informativos de los que se tiene noticia. Se difundió, con ayuda de gran parte de la prensa mundial, que la reelección de Maduro sería arbitraria y que, por lo tanto, su actual mandato habría sido usurpado.

El actual presidente, reconducido por el voto popular el día 20 de mayo del año pasado, conquistó el 67,8% de los votos, con la participación del 46% de los electores inscritos. Compitió contra dos candidatos de oposición: Henri Falcón, con el 20,9% de los sufragios y Javier Bertucci, que obtuvo el 10,8%.

Para efectos de comparación, Sebastián Piñera (Chile) fue elegido con el 54,7% de los votos y comparecencia del 49% de los sufragistas registrados, mientras que el propio Trump obtuvo el 46,1% de apoyo ante un colegio electoral al cual acudió el 63% de los listados.

Sectores de la oposición boicotearon el pleito. Pero no presentaron ninguna denuncia concreta y formal de fraude. La principal reclamación fue: algunos exponentes oposicionistas estaban electoralmente impedidos e inclusive presos.
Realmente, jefes de derecha fueron condenados por incitación o recurso a la violencia, además de corrupción.

De la misma forma están presos y aguardan enjuiciamiento independentistas catalanes, que pacíficamente intentaron la secesión del Reino de España, pero son acusados de violar la Constitución.

Se trata de registros fundamentales, para que se entienda que sólo será posible una salida democrática si Estados Unidos y sus aliados renuncian a la intervención y al golpismo, aceptando la mesa de diálogo propuesta por México y Uruguay, que ya cuenta con el consentimiento del gobierno venezolano.

Proponer nuevas elecciones, sin que se haya interrumpido el golpe de Estado en marcha y restablecido la normalidad tanto constitucional como diplomática, al contrario de ser una solución pacífica, fortalece a quien busca tomar el poder por la fuerza.

Venezuela enfrenta dramáticos problemas, en gran medida provocados por largo sabotaje económico. Sin embargo, el más grave e inmediato de esos dilemas es la amenaza a su soberanía y a su Constitución, patrocinada por Estados Unidos y gobiernos que le prestan vasallaje.

Breno Altman
Periodista y fundador del sitio Opera Mundi

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