¿Cómo llega la oposición al diálogo en México?: Síntomas de una derrota estratégica

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¿Cómo llega la oposición al diálogo en México?: Síntomas de una derrota estratégica

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Foto: La Iguana
Yvke Mundial /Clodovaldo Hernández

La gran conclusión a la que puede arribar un opositor silvestre hoy por hoy es que su bando político ha sufrido una derrota estratégica, una de esas de las que no se puede volver con relativa facilidad y en poco tiempo, sino que requiere largos y complicados esfuerzos. 

Es posible llegar a esa conclusión al analizar cómo se presentan sus (varios) representantes ante el adversario político en los encuentros que sostendrán en México

La suma de errores cometidos desde su última victoria parcial (diciembre de 2015), ha sido de tal magnitud que ahora mismo están en la peor posición que hayan tenido ante el presidente Nicolás Maduro y cuidado si también es la peor de todo el período revolucionario.  

Es algo inconcebible si se considera que cualquier oposición debería estar frotándose las manos ante el deterioro de la popularidad del chavismo, producto de sus errores y omisiones, del desgaste natural de cualquier gobierno en medio de una pandemia y –para colmo- de los nefastos efectos del bloqueo y las medidas coercitivas unilaterales. 

Cualquiera puede afirmar que se trata de una apreciación netamente subjetiva. Pero no, se basa en una comparación de fuerzas concretas entre la oposición de antes y la de hoy en aspectos tales como:  

Número de curules en la Asamblea Nacional. Llegó a su máximo entre 2016 y enero de este año con 112 de 167. Hoy tiene 20 escaños de 277. La estrategia abstencionista condujo a una reducción de 89%, que obviamente no corresponde a la correlación de fuerzas en la política nacional. 

Número y peso cualitativo de gobernaciones y alcaldías. En otras épocas, el antichavismo llegó a tener hasta seis gobernaciones, entre ellas las de polos electorales como Zulia, Miranda y Carabobo. Por las estrategias abstencionistas (y por errores de cálculo político, como el de Juan Pablo Guanipa) perdieron varias de esas circunscripciones, así como alcaldías importantes en el área metropolitana de Caracas y en capitales de Estado. 

Fortaleza de los partidos políticos y de la coalición opositora. Quizá el punto donde peor sale la actual oposición en comparación con versiones pasadas. El tiempo estelar fue entre 2012 y 2016, con la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que le permitió un rol competitivo en las últimas presidenciales ante Chávez (2012), en las primeras contra Maduro (2013) y, sobre todo, en las parlamentarias de 2015. En la actualidad no existe ni siquiera una coalición formal y los partidos principales del bando opositor están técnicamente divididos o muy disminuidos. 

Presencia activa en las calles (forma cívica). En lo que a expresiones razonablemente pacíficas se refiere tuvo momentos cumbre en 2002, manteniéndose en niveles muy significativos, aunque con altibajos, durante los años siguientes. Ya en tiempos de Maduro, los momentos de mayor presencia pacífica fueron los días iniciales de la autoproclamación de Juan Guaidó, en 2019. En los intentos más recientes, en contraste, el fracaso ha sido absoluto. 

Presencia activa en las calles (forma violenta). De manera paralela, la oposición ha tenido olas de presencia violenta en las calles en 2002, 2004, 2007, 2013, 2014 y 2017. En la actualidad -por fortuna- no la tiene tampoco, pues los intentos de 2019, 2020 y el corriente año han resultado fallidos. 

Presencia activa en los medios de comunicación. Uno de los puntos en los que la oposición está comparativamente peor es en su presencia mediática. El poderío comunicacional casi hegemónico que tuvo el antichavismo en los primeros años de la Revolución se fue perdiendo, en parte por graves errores de los propietarios y conductores de los medios y en parte porque el chavismo ha logrado avances notorios en ese campo. Hoy en día, la presencia mediática de la oposición es muy amplia, pero corre por cuenta de los órganos de la prensa extranjera y de los medios supuestamente independientes, pero financiados por Estados Unidos y otras naciones. La credibilidad de esos medios está menoscabada porque es evidente su tendencia a las noticias falsas y a participar en grandes operaciones psicológicas que obedecen a intereses extranjeros. 

Postura de Estados Unidos y la Unión Europea. En comparación con la situación planteada en épocas pasadas, la oposición vive momentos muy precarios desde el punto de vista de su apoyo en la cacareada “comunidad internacional”. Ese respaldo alcanzó su más alto nivel en 2019 cuanto estos países impulsaron y apoyaron la puesta en marcha de un gobierno paralelo. El mecanismo ha sido exitoso para el objetivo de saquear el patrimonio público venezolano (empresas, cuentas bancarias, oro), pero no respecto al objetivo político de derrocar al gobierno constitucionalmente electo. En la actualidad, según estimaciones del mismo gobierno de EE.UU., solo un puado de los 60 países que apoyaron a Guaidó en 2019 mantiene en vigor ese reconocimiento. 

Relación de fuerzas en el continente. La alianza antivenezolana en el vecindario ha ido perdiendo componentes en los últimos meses. Mauricio Macri fue derrotado en las elecciones en Argentina; la dictadura en Bolivia solo se mantuvo en pie un año; Jair Bolsonaro e Iván Duque están, a duras penas, tratando de sobrevivir a sus crisis internas; y el gobierno de Perú (sede del Grupo de Lima) ha cambiado de enfoque en política exterior. México, que con Enrique Peña Nieto era una ficha del imperio, ahora es sede de las conversaciones. 

Evaluación específica de los líderes. La oposición ha sido siempre una molienda de líderes. Si solo miramos desde 2016, es decir, cuando la coalición opositora vivía su mejor momento, podemos observar que los errores y las irregularidades cometidas por los dirigentes se han tragado por igual a los veteranos y a los nuevos. Henry Ramos Allup se requemó luego de prometer que derrocaría a Maduro en seis meses; Julio Borges llevó a la AN al despeñadero del desacato y luego huyó del país para llevar una vida de millonario potentado en Bogotá; Henrique Capriles oscila en la ambivalencia, pues es un moderado que sufre arranques radicales; María Corina Machado es coherente en su extremismo, pero carece por completo de carisma y capacidad para arrastrar masas; Leopoldo López carga con la responsabilidad de los últimos dos años y medio de despropósitos y robos de dineros públicos, y ahora los disfruta desde una cómoda estancia en España, igual que Antonio Ledezma; y Guaidó, brazo ejecutor de López, está pasando a la historia como alguien que repitió hasta el hartazgo un lema marketinero, pero, a fin de cuentas, no pudo hacer cesar la usurpación ni imponer un gobierno de transición ni hacer posibles unas elecciones “libres”, al gusto de EE.UU. Parece claro que no hay un hueso sano en ese liderazgo. 

Fuerza de los argumentos para oponerse (corrupción y economía). Parte de la crisis del liderazgo opositor deriva del hecho de que cada vez tienen menos argumentos para sostener su postura como alternativa al gobierno de Maduro. Por ejemplo, pese a los graves casos de irregularidades administrativas perpetrados por figuras revolucionarias (el emblema es Rafael Ramírez), el argumento anticorrupción es insostenible para una oposición que se ha enriquecido descaradamente con los robos que las grandes potencias han ejecutado bajo el paraguas del supuesto gobierno encargado. Cuando se trata de la grave situación económica, el apoyo de los opositores al bloqueo y las medidas coercitivas unilaterales ha permitido diluir la responsabilidad del Gobierno en la gestión económica.  

Se revierte la credibilidad del discurso antivoto y antidiálogo. Una de las dificultades del liderazgo opositor en estos tiempos es retornar a la centralidad desde posiciones muy extremas. Los del ala pirómana se apoderaron del timón hace ya varios años y establecieron la matriz de que con el Gobierno no se podía negociar ni tampoco medirse en elecciones. Los del ala moderado-taimada los apoyaron abiertamente o bien callaron y otorgaron. ¿Resultado? Ahora, participar en diálogos y en elecciones tiene un amargo sabor a rendición. El daño que le hicieron deliberadamente a la credibilidad en el sistema electoral y al entendimiento como forma de resolver controversias se ha revertido en su contra. 

Objetivamente hablando, con semejante cuadro de síntomas en el bando antichavista, lo único que lleva al gobierno de Maduro a negociar con la oposición (es decir, con la que no quiere negociar porque con la otra ya lo había hecho) es la presión de las ilegítimas, ilegales e inmorales medidas coercitivas unilaterales y el bloqueo.  

En otras palabras, no se trata de ningún «atributo» de la oposición, sino de un cuestionable método extorsivo de un agente externo a ella (más bien, propietario de ella). Entonces, celebrar que las “sanciones” y el bloqueo obligaron al Gobierno a negociar con la pandilla de oposiciones es como celebrar que alguien a quien le secuestraron la familia trate de llegar a un acuerdo para el pago de un rescate. Una lógica malandra. 

Reflexiones oenegistas

Provea descubre que los medios mienten. Se han puesto de moda esos memes y tuits que arrancan con la frase “Millennials cayendo en cuenta de… (esto o aquello)”. Se basan en la idea de que los integrantes de la llamada Generación Z, a pesar de que ya están grandecitos, no se han dado cuenta de ciertas verdades evidentes hasta que un día cualquiera entienden la cosa. 

Pues bien, aunque no todos los dirigentes de ciertas ONG son millennials (algunos son de la generación X y hasta los hay babyboomers), podríamos usar la frase de marras para comentar sus últimos topetazos con la realidad: “Oenegistas cayendo en cuenta de que los medios engañan”, sería un buen meme o tuit.  

Explico: la ONG de derechos humanos Provea alertó sobre «falsas expectativas» que crean medios antichavistas en torno al caso Venezuela en la Corte Penal Internacional. Dicen que les preocupan “los desaciertos informativos” porque atentan contra la credibilidad de la CPI y la confianza de las víctimas, según reseña la acuciosa gente del portal La Tabla. 

Una verdadera perla, como decía José Vicente Rangel, es eso de “los desaciertos informativos” para referirse a dolosas manipulaciones y deliberados engaños. Bien podría ganar un concurso de eufemismos 

La Tabla reseña que contrario a los rumores, la Fiscalía de la CPI no abrirá por los momentos una investigación formal a Venezuela por crímenes contra la humanidad. Esta información no fue divulgada por los medios privados. Es decir que como no les gustó la noticia, la silenciaron. Algo que hacen a diario, pero que Provea, al parecer, acaba de descubrir. ¿Verdad que son tiernos estos oenegistas?  

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