Política

Agenda violenta de oposición: Un plan que no ha sido abortado

Venezuela y otras latitudes del mundo no han podido olvidar que los sucesos del 11, 12 y 13 de abril de 2002 fue una de las primeras embestidas del imperialismo contra el proceso bolivariano

La vida está organizada en torno a intereses reales y, por tanto, a relaciones reales. La ideología no es simplemente algo que se dice, sino algo que se vive. Recordar desde el imaginario colectivo uno de los hechos violentos que marcaron pauta en Venezuela como el golpe de Estado de 2002 pone sobre la mesa, en la actualidad, un sin fin de planes conspirativos que la burguesía venezolana ha emprendido contra la Revolución Bolivariana en nombre de la “libertad” la “igualdad” y la “conciliación de clases”.

Venezuela y otras latitudes del mundo no han podido olvidar que los sucesos del 11, 12 y 13 de abril de 2002 fue una de las primeras embestidas del imperialismo contra el proceso bolivariano, cuyo rumbo fue dirigido por el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, quien además por medio del desprestigio, rumores y desestabilización mediática fue asediado y derrocado por 72 horas en aquel momento y, como consecuencia, arrojó un saldo lamentable de 19 personas fallecidas y más de 70 heridos.

El plan de Estados Unidos y, en especial, de George W. Bush tenía un objetivo: la violencia. El presidente Hugo Chávez sostenía que la nación norteamericana y sus aliados en Venezuela, tales como Fedecámaras, Consecomercio, Central de Trabajadores de Venezuela (CTV), Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), medios de comunicación privados, dirigentes políticos como Julio Borges, Henrique Capriles Radonski y Leopoldo López –por mencionar algunos– querían “borrar de cuajo” todo indicio que diera posibilidad a un sistema socialista en nuestro país.

Como el objetivo era impedir sistemas socialistas en América Latina y, en especial en Venezuela, el imperialismo norteamericano y la burguesía local se trazó, en primer lugar, el derrocamiento de Hugo Chávez y, en segundo lugar, obstaculizar el triunfo de Luis Ignacio Lula Da Silva en Brasil. Sin embargo, las pretensiones de Estados Unidos y de la derecha no se concretaron.

Una vez consumado el Golpe violento contra Hugo Chávez y en el que además fueron asesinadas 19 personas, la burguesía venezolana bajo el mando de Pedro Carmona Estanga se animó a disolver la Asamblea Nacional (AN), destituyó a los titulares de los Poderes Públicos, estableció la reforma general de la Constitución Nacional, cambió el nombre de la República y suspendió los 48 Decretos con Rango, Valor y Fuerza de Ley aprobados en el año 2001, todo con un objetivo: “La Salida” de Chávez.

Sin embargo, a la burguesía le quedó un sabor amargo. Al final del día 12 de abril comenzaron a registrarse manifestaciones populares en el país en contra del secuestro de Hugo Rafael Chávez Frías. “El pueblo salió a las calles, las Tropas Paracaidistas se unieron al pueblo para levantar su voz”, dijo en un momento el líder de la Revolución tras recordar que en la madrugada del 12 de abril cuando miraba un lucero pudo haber sido asesinado por agentes de la oligarquía y el imperialismo.

El líder de la Revolución lamentó por siempre la violencia que promovió –y aún promueve– como base ideológica la oposición. Además, condenó el hecho de que haya sido acusado de “tirano” por voceros políticos nacionales y foráneos, quienes estuvieron metidos de lleno en el golpe de Estado en 2002. “Fue un golpe perfecto, fue la combinación de todos los golpes en uno”, sostuvo el Comandante Chávez.

Sabotaje petrolero: “La estocada definitiva”

Una vez abortado el golpe de Estado contra Hugo Chávez en abril de 2002, la burguesía venezolana y el imperialismo norteamericano tomaron un segundo aire “para entorpecer” el diálogo y la paz que requería la nación. En aquel entonces la Coordinadora Democrática –hoy en día Mesa de la unidad Democrática– comprendió que al Comandante Chávez era imposible derrocarlo por la vía militar porque estaba bajo su mandato, por la vía electoral les era cuesta arriba porque el líder de la Revolución contaba con el respaldo de la clase obrera; sin embargo, la derecha notó un detalle: el proceso bolivariano tenía “pies de barro”, los cuales eran fallas económicas arrastradas desde el puntofijismo, por tanto decidieron convocar a un paro nacional que incluyó a la empresa estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) como “estocada definitiva”.

Durante 63 días la clase trabajadora estuvo sin combustible para el transporte, sin gas para cocinar y, aunado a eso, vivió una época navideña trastocada por los planes golpistas y violentos de la oposición, para frenar el avance de una lucha socialista en nuestro país. Efectivamente, dio inicio al segundo plan de “La Salida” con movilizaciones de calle, asedio mediático y sabotaje económico que trajo como detonante la contracción de 9,2% del Producto Interno Bruto (PIB), la caída de la actividad comercial en 27,7%, pérdidas de Pdvsa por 2.598 millones de dólares en crudo no exportado, 267 millones de dólares por ventas internas no realizadas y 841 millones de dólares por importación de combustible, de acuerdo con cifras del Banco Central de Venezuela.

En ese lapso de dos meses la burguesía venezolana trató de seducir con propaganda de guerra a la clase trabajadora, con el firme objetivo de señalar al Comandante Hugo Chávez como el principal responsable de la crisis económica que atravesaba el país. Medios de comunicación privados como Televen, Venevisión, Rctv, Globovisión y CMT promovieron una “rebelión nacional civil indefinida”, la cual contaba con el respaldo del alto mando de Petróleos de Venezuela, Fedecámaras, Consecomercio, Central de Trabajadores de Venezuela, Conferencia Episcopal Venezolana, entre otros.

Políticos presos como Leopoldo López y Antonio Ledezma aseguraban durante el sabotaje petrolero que se tomarían “acciones contundentes” y llevaría a cabo “la estocada definitiva” contra Hugo Chávez Frías y la Revolución Bolivariana. Adjetivos calificativos iban y venían desde el bando opositor como parte del plan violento para incendiar las calles de nuestro país, a través de unas 650 propagandas de guerra difundidas diariamente en medios de comunicación nacionales e internacionales. Sin embargo, el Gobierno Nacional retomó el control de Pdvsa el 21 de diciembre de 2002 cuando se logró recuperar el buque petrolero Pilín León y las refinerías del país con trabajadores que no se unieron al paro.

 “Fue una conspiración mortal, como trataron de destrozar la industria petrolera venezolana; el corazón de la economía venezolana y la fuente fundamental de ingresos de nuestro país”, dijo el presidente Hugo Chávez durante su espacio dominical Aló, Presidente Nº 138 desde la Refinería El Palito, ubicada en Puerto Cabello estado Carabobo.

Chávez y las guarimbas de 2004

Continúa la utopía de la derecha: tomar el poder político por la vía violenta. Durante la transmisión del programa Aló, Presiente número 185, efectuado el 21 de marzo de 2004 desde el Salón Ayacucho del Palacio de Miraflores, el Comandante Supremo, Hugo Chávez, reflexionó acerca de los daños que causaron las guarimbas y cómo el Estado venezolano actuó para desarticular esas acciones violentas.

Durante el espacio televisivo el líder de la Revolución hizo mención a Henrique Capriles Radonski y Leopoldo López, quienes eran alcaldes de los municipios Baruta y Chacao respectivamente, cuyos territorios fueron enclaves para promover la violencia y forzar la supuesta renuncia del Mandatario Nacional. Chávez no dudó en catalogarlos de "cobardes" y lamentó que los jefes policiales de Baruta y Chacao hayan dado la cara por Capriles y López durante esas acciones terroristas.

La fórmula con la que el Comandante Hugo Chávez desarticuló las guarimbas del año 2004 consistió en combatirlas desde la retaguardia; es decir, identificó desde dónde la burguesía recibió la logística para el sostenimiento de violencia, desde dónde eran alentados y cuáles eran las redes de suministro con las que contaban.

En esta oportunidad, la denominada Coordinadora Democrática difundió a través de medios de comunicación privados nuevos mensajes de guerra que consistían en legitimar la tranca de avenidas, calles, urbanizaciones y, en consecuencia, la ciudad capital como medida de confrontación contra el presidente Hugo Chávez. Sin embargo, “la rebeldía total” como fue denominada no prosperó.

En 2009 la oposición intentó reeditar las guarimbas del año 2004 y el presidente Hugo Chávez emplazó al Ministerio de Interior y Justicia, al Ministerio de Defensa y a los cuerpos de seguridad del Estado a “echarle gas del bueno y meter preso” a quienes intentasen quemar un cerro, unos árboles o trancar calles de la ciudad. “si no lo hicieran me raspo a los jefes responsables”, subrayó en aquel entonces el líder de la Revolución.

“Arrechera” de Capriles cegó la vida de 11 venezolanos

Tras conocer su derrota en los comicios presidenciales de 2013, el candidato perdedor por la oposición, Henrique Capriles Radonski, hizo un llamado a su militancia a “descargar su arrechera” a través de un discurso violento, en un claro acto de irresponsabilidad donde se negó a reconocer el triunfo de Nicolás Maduro Moros con 50,61% de los votos, hecho que condujo la noche del 15 de abril a una ola de violencia en la que fueron asesinados 11 venezolanos, todos vinculados con la Revolución Bolivariana.

La noche del 15 de abril de 2013, horas después del primer boletín del Consejo Nacional Electoral (CNE) con el cual se anunció el triunfo del presidente Nicolás Maduro, con 50,61% de los votos, Capriles desconoció los resultados y en una convocatoria a un cacerolazo expresó: "Descargue toda esa arrechera, descárguela allí, dele ahí duro, usted le da allí y que se oiga en todo el mundo".

A partir de esa misma noche, además de los asesinatos, comenzaron los ataques vandálicos, asedios y disparos contra centros de salud públicos, abastos de la red pública de distribución de alimentos, medios de comunicación del Estado y comunitarios, así como el hostigamiento selectivo a hogares de dirigentes políticos y populares.

La "arrechera" de seguidores de Capriles se hizo literalmente fuego cuando quemaron casas del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), automóviles, centros médicos e instalaciones de la Cantv, y cuando el mismo 15 de abril fueron arrolladas intencionalmente tres personas, durante una manifestación de apoyo a la Revolución Bolivariana en el estado Zulia.

La ira provocada por Capriles tuvo una intensidad de cuatro días continuos en los que resultaron heridos más de 80 venezolanos en actos vandálicos y criminales el 14 estados del país. Para Capriles -algunos medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales- esto nunca ocurrió, las víctimas y destrozos fueron desconocidos también, tal como desconoció la voluntad de la mayoría del pueblo, que durante 15 años continuos ha apostado por el proyecto político del Comandante Hugo Chávez.

Oposición apostó por la violencia en 2014

El último momento de tensión que ha vivido la Revolución Bolivariana se suscitó en el año 2014, fecha en la cual las llamadas guarimbas se convirtieron en reductos violentos, que le sirvieron a partidos políticos de la burguesía legitimar escenarios de vandalismo, acciones fascistas y asesinatos con un único objetivo: “La Salida” de Nicolás Maduro Moros del poder.

La violencia desatada por la oposición desde febrero hasta mayo de 2014 cobró la vida de 43 personas e hirió a unas 878 personas, víctimas directas del accionar de agentes de la burguesía, cuyos ataques incluyeron la colocación de guayas para degollar motorizados hasta tiros de gracia a quienes intentan liberar vías bloqueadas.

Los daños materiales durante el plan “La Salida” generó una pérdida económica de 10.000 millones de dólares aproximadamente. Esa cuantiosa cifra corresponde al destrozo de instalaciones de diferentes instituciones públicas y privadas, así como centros educativos, unidades de transporte y estaciones del sistema Metro de Caracas que fueron quemadas, además de plazas, parques y otros espacios públicos donde hordas opositoras instalaron sus guarimbas, como parte del plan fallido promovido por Leopoldo López, cuyo objetivo era derrocar al Gobierno constitucional de la República Bolivariana de Venezuela.

Todo el país sufrió los embates de las guarimbas que no solo se originaron en la ciudad capital, sino que se extendieron por todo el país y recrudecieron en algunos estados. En el caso de Mérida, reconocido por ser un estado con alta afluencia de turistas, las pérdidas fueron enormes, a causa de la caída en un 45,5% del fujo turístico durante las festividades de carnaval en 2014.

Para Venezuela y países de América Latina y el Caribe la violencia como herramienta política jamás será una opción. Vladimir Acosta, teórico e intelectual orgánico del marxismo sostiene que la burguesía y, en especial, la llamada clase media –agente de las guarimbas– no dará descanso como grupos de choque en la promoción de la derechización del pueblo y la más rabiosa postura anticomunista, cuyo objetivo es impedir el ascenso social de los pobres y del pueblo trabajador con la piel más oscura.

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